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 Sin título (por ahora)

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MensajeTema: Sin título (por ahora)   Miér Jun 18 2014, 15:39

Capitulo Uno

Era una noche oscura, las luces de las calles estaban apagadas, el viento gélido acariciaba cruelmente el rostro, los pasos resonaban en el suelo y la inseguridad se percibía en el aire. Alguien observaba a través de las sombras, acechaba detrás de las hojas y soltaba carcajadas delirantes a penas silenciadas, ¿quién era ese ser que se escondía para arrancar la piel, devorar los órganos o disfrutar de los últimos gritos de sus víctimas? Uno destructivo, atroz y temible, cualquier persona que lo veía salía corriendo en un santiamén; con sus ropas negras que lo ocultaban en el anochecer, sus ojos llenos de sangre con las pupilas destellantes, su sonrisa que desbordaba el odio acumulado durante años y su cuerpo deforme lograba que huyeran hasta los más valientes que habían intentado ahuyentarlo en esa pequeña región.  

“¿Quién podría contra él? ¿Era un monstruo, una persona o un marciano? Y de todas formas, ¿cuál era la diferencia entre estos tres: el aspecto, la forma de hablar, lo que creen? Aun así, la criatura más terrible de todas somos nosotros así que ¿por qué temerle a aquel que aterroriza y destruye? Nosotros hemos acabado con tantas especies, ecosistemas, compañeros y nos hemos convertido en una plaga, ¿qué importa que mueran unos cuantos? ¿Qué tan importante es la vida humana a comparación de los demás? ¿Qué tan preciada consideras que es tu vida?” Garabateaba con un débil pincel, lo había pensado miles de veces cada noche antes de acostarse, jamás había dudado de estos pensamientos y ahora eran más significativos que antes, ahora ella sería el sacrificio.

Cada medio año los aldeanos daban a una de sus hijas o hijos como sacrificio para calmar a la bestia, los dejaban solos en el bosque a medianoche y se largaban; sí regresaban eran castigados, se les arrancaban fragmentos de la piel o les clavaban agujas en los ojos para después arrancarlos, de igual manera les apuntaban los miembros y se los comían; sí se quedaban solos a esperar su destino, bueno, lo que ocurría era incierto y desconcertante, sin embargo siempre se escuchaba un grito desgarrado pasados unos minutos. ¿Cuál sería el destino de esa joven; esa hija única que no quería convivir con ningún muchacho de su pueblo pues creía que todos eran estúpidos que se dedicaban a usar la fuerza bruta, esa que no había caído en la bajeza de suplicar por su vida, que acepto morir a pesar de que solo tenía 17 años?

La noche llego, su poca familia ni siquiera lloro por su pérdida, para ellos sería mejor así, tendrían una boca menos que alimentar por culpa de su falta de escrúpulos a la hora de acostarse, además no les podría dar una propiedad más por lo poco que convivía, asimismo ninguna persona la había visto antes de ese día, ¿a quién le importaría que muera? A nadie. Las antorchas iluminaban su rostro débilmente, volvían las sombras más espectrales que antes y los rostros aun más temibles, todos caminaban poseídos a un mismo ritmo envueltos en un silencio aterrador, no se veían entre ellos y esa chica miraba adelante con el rostro al frente, con una pizca de temor pero preparada para enfrentar al espectro de la muerte; vestía de blanco para no confundirse con los animales del anochecer ni con la maleza, su pelo se deslizaba a través de la espalda y el pecho, los ojos de color miel brillaban por el éxtasis que le ocasionaba el desconcierto y una débil sonrisa asomaba en su rostro. A fin de cuentas, siempre había tenido envidia de los que estuvieron antes en su lugar, al menos ellos podían escapar de una forma de ese pueblo que debía llamar “hogar” y olvidarse de cualquier compromiso estúpido que sus padres quisieran hacer, a fin de cuentas tenían una nueva vida.

Deslizaba sus pesados pies a través de los pantanos, del suelo húmedo y repleto de insectos, cada día se encontraba más sucio, cada vez tenía más estiércol o tierra sobre su cuerpo pero no podía apartarla, se adhería a su piel, sí eso continuaba así entonces…no, no quería pensar en ello. Necesitaba volver, necesitaba ver a las personas que había querido tanto y que ya casi no recordaba, solo sabía que debía volver pero ¿a dónde? No lo sabía, los rostros que veía eran borrosos y en las noches un hambre voraz lo atacaba, su cabeza le dolía y al día siguiente estaba manchado de algo oscuro, acaso ¿era sangre? No estaba seguro, no podía recordar por más que lo intentará, ¿qué le estaba pasando? ¿Dónde estaba? ¿A dónde debía ir? Tenía miedo, tanto que a veces le costaban horas el hecho de salir de la cueva y dar unos cuantos pasos, el mundo se le antojaba inmenso en ese instante. ¿Quién era él? No lo recordaba, hace semanas o meses había intentado pensarlo fervientemente pero al no encontrar una respuesta razonable dejo de hacerlo, sin embargo hablaba consigo mismo algunas veces para acordarse de cómo era su voz o que palabras debía decir para formular oraciones. “¿Quién soy yo y qué hago al anochecer?” se preguntaba al menos 2 veces cada semana, pero rechazaba la cuestión solo unos minutos después de formularla ¿qué le importaba? Necesitaba salir de ahí y era todo, necesitaba huir de sí mismo.

Cuando vio el primer rayo de sol ocultarse corrió a esconderse, no recordaba haber sido tan cobarde tiempo atrás pero tampoco su nombre, así que cubierto con las hojas de los árboles se escondió dentro de su reciente casa y aguanto la respiración, había hecho eso miles de veces por lo que antes de que la oscuridad lo engullera contó los segundos que faltaban para caer dormido o eso era lo que creía pues una vez que la luna brillaba entre las sombras no sabía qué ocurría. Alguna vez pensó que quizás sería un hombre lobo pero rechazo la idea ante el descubrimiento de que viera la luna o no, no había diferencia, siempre pasaba lo mismo y no tenía una forma de evitarlo, además le asustaba la idea de pensar en otras opciones, ya era suficiente estar en ese lugar olvidado por cualquier otro ser humano como para tener miedo de lo que hacía. “A fin de cuentas, no lastimo a nadie” pensaba cuando el pensamiento lo asaltaba para tratar de calmarse, a pesar de ello sabía en el fondo que era la mentira más grande que había dicho en toda su vida; al despertar su rostro estaba manchado de una sustancia rojiza y ligeramente caliente, durante las tardes nunca tenía suficiente hambre y podía satisfacerse con unos cuantos frutos, a la vez tenía pesadillas horribles donde veía a un ser repulsivo destrozar a las personas, ¿qué era él?

La tormenta se desato, las gotas de lluvia caían sin parar, borraban toda la suciedad del ambiente, confundían los sentidos con su golpeteo constante y dispar, llegaban hasta los huesos deslizándose a través de la piel, el solo verlas caer provocaba una infinita tristeza; el viento azotaba constantemente los árboles amenazándolos con tirarlos al suelo, movía tenebrosamente las ramas y asustaba al más puro animal, volvía la noche aun más oscura y tocaba la canción de los muertos; las luces caían desde el cielo provocando un sonido ensordecedor después de aparecer, hacían temblar la tierra y destruir todo lo que estuviera a su alcance, aun así eran el único rayo de esperanza que restaba. Sin embargo, ya era tarde para tener esa clase de sentimientos… Como una bestia poseída corrió por toda la zona hasta acercarse a su presa y se quedo ahí, a solo unos cuantos centímetros de su rostro para verla, para comérsela justo cuando su cara hiciera una mueca de terror y el último grito saliera de su garganta, pero eso no ocurrió. Ella se quedo parada observándolo de frente sin bajar un solo instante la mirada, sus ojos no reflejaban miedo sino un intenso alivio, sus labios esbozaron una débil sonrisa apenas perceptible en la oscuridad.

-Entonces, este es mi fin… -susurró y se dejo caer en la completa oscuridad. Sintió el calor de la boca atrapando su cuerpo, los dientes afilados cerrándose en un instante sobre su abdomen, el dolor del cuerpo romperse, la sangre cayendo sobre el suelo y al final, nada.

Los rayos del amanecer se colaban inquietos entre el ligero grosor de la cortina, iluminaban el rostro adormecido de una joven, la obligaban a abrir los ojos pesadamente y tapar su rostro con el brazo para ocultarse de ellos. Lo que la rodeaba era igual que otras habitaciones adolescentes; algunas fotos de niña por la pared,  recuerdos de amigos que no hablan, imágenes de lo que más le gusta y ropa botada en cualquier lugar, detalles mínimos e imperceptibles sobre el desorden mental que tenía, sobre los pensamientos extraños e inimaginables que ocultaba. Tiene que guardar las apariencias, sobre todo porque no cree en los demás.

-Malditos sueños, ya no quiero ver a ese muchacho… -susurro cubriéndose la cara con una de sus manos y alejando las sabanas con la otra. Otro día normal, aburrido y tedioso en el salón de clases, rodeada de gente que tenía su edad pero que ni siquiera podrían pensar en algo razonable aunque les costará la vida, rodeada de las quejas, el escepticismo, las burlas y estupidez. “¿Cuánto más tengo que seguir con esto?” se preguntaba mientras los observaba. “Estoy harta” se dijo a sí misma antes de sacudir la cabeza y dejar los apuntes de lado para pensar en el sueño que había tenido pero a penas recordaba lo más general. Suspiro, lo mismo de siempre.

Antes de continuar, debo hacerte una aclaración; ella no es realmente una chica especial, pues puede ser cualquiera y eso es lo que vuelve todo más interesante. Una chica como ella puede estar sentada a tu lado durante las clases, ser tu hermana que te atormenta cada vez que te metes en sus cosas, tus primas pequeñas tan molestas e incluso la persona en quien más confías. Así que, ¿por qué contar esta historia? Porque se tiene que hacer para comprender la capacidad de la mente humana y es necesario, simplemente necesario. Ella sabe por qué, yo también pero ¿tú? ¿Lo sabrás alguna vez?


Capitulo Dos

Era un lugar desértico, abandonado y destruido con fragmentos de antiguos recuerdos, de anteriores años en los que se alzaba firme y majestuoso ante los ojos de miles de visitantes, era el legado de nuestros antepasados. Pero ahora, solo estaba derrumbado, las columnas estaban hechas añicos en el suelo, los cristales rotos, las pinturas rasgadas y desgastadas, todo el lugar estaba roto y los restos continuaban en el piso, además que prácticamente medio lugar estaba derrumbado. Aun así la gente iba allí. Las personas de diferentes lugares recurrían a verlos, pasaban por la destrucción y lo caído para contemplarlos hasta el fondo del lugar; las 3 estatuas de dioses hechas con mármol dentro de una fuente, una que conducía el agua por varios canales y recorría las figuras bellamente recortadas pero manchadas por la suciedad, era un espectáculo digno de ver sobre todo cuando los rayos del sol pasaban a través de los agujeros e iluminaban los bellos rostros. ¿Por qué nadie había tratado de restaurar tan magnífico escenario? Lo habían intentado al menos unas 100 veces, pero no tenía caso, sí se movía aunque fuera solo una piedra todo el lugar amenazaba con caerse abajo en ese instante, en derrumbarse totalmente en pedazos y a pesar de lo  peligroso que era entrar, la gente iba; lanzaba ofrendas hasta el lugar donde nacía el agua y se marchaba, no sin antes observar de reojo la escultura del viejo hombre sentado en su trono cuyo rostro no se había visto nunca debido a lo alto que estaba, sin embargo se sabía por las viejas historias que la mitad de su cara jamás se había construido por lo que no se sabía quién era él.

Subió los peldaños, hechos con roca y repletos de grietas, camino a través de las telarañas, del agua goteando a través de las aberturas, de las personas con sus cámaras que hablaban en voz alta solo para quejarse del lugar, de la oscuridad y el terrible olor a podrido solo para mirarlos un segundo, solo para ver a sus amigos inmortalizados por un error, una mentira y un engaño. Los contemplo con la mirada baja pensando en cómo arreglar las cosas, en cómo redimirse y explicarles que aquello fue su culpa pero sabía que era demasiado tarde, ellos se quedarían en ese sitio hasta el fin de los días, de la humanidad. Así que solo pudo pasar su mirada por el lugar añorando los viejos días que no volverían, miro a los visitantes excéntricos y caprichosos que solo deseaban echarles en cara a los demás lo que vieron en ese momento para después olvidarlo y deseo ser como ellos. Deseo fervientemente poder olvidar lo que ocurrió en ahí para continuar con su vida, deseo borrar esas memorias que la mantenían encadenada, eliminar el sentimiento de culpa que no la dejaba dormir en las noches y la obligaba a regresar, pero más que nada deseo ver sus rostros sonrientes una vez más.

Las risas resonaban entre las paredes, las pisadas en el suelo de mármol, las travesuras hechas eran escuchadas por el silencioso viento, las hojas bailaban al compás de los pequeños mientras los adultos hablaban de diversas cosas que no debían escuchar. Se movía como una bailarina audaz sobre el piso, bailaba con sus amigos de la infancia, estaban en plena juventud y seguían comportándose como infantes, sonreían y se la pasaban jugando, realizaban bromas de las que nadie podía culparlos pero no sabían lo que ella ocultaba. Esa dulce joven con el cabello y ojos de color miel ocultaba un secreto, un acto realizado hace unos cuantos días que ya no era inocente, uno por el que tenía que pagar consecuencias terribles y decirle adiós a su paraíso por lo que la verdad no era algo que pudiera decir. Así que dejo que sus amigos cargaran con toda la responsabilidad, no tardo mucho tiempo en que todo se supiera y que Él los enfrentará; llego hecho una furia, los rayos caían uno tras otro y los golpeaban, el fuego emanaba del suelo solo para quemarles los pies, la oscuridad se volvía una masa densa y condensada que amenazaba con tragárselos, las palabras se volvían espadas furiosas que los atravesaban. Y esos chicos que fueron sus tres mejores amigos desde la infancia fueron congelados, Él les negó moverse hasta su muerte, la cual no llega en la inmortalidad, y desde entonces los vigila con uno de sus ojos en la tierra pero todos han olvidado esa historia, la única que la recuerda es ella que ahora solo vaga por el mundo tratando de pedir perdón y aun escucha los antiguos sonidos como un eco distante.  

-No debí haber huido como lo hice, quizás sí me hubiera quedado y explicado las cosas serían diferentes… No lo sé –murmuro mientras se sentaba en el suelo y hundía la cabeza entre las piernas. –Los extraño tanto –menciono y volteo a ver los rostros de sus compañeros, no habían cambiado nada desde entonces igual que ella, por lo que lo que más extrañaba era verlos sonreír y tocarlos, sentir su piel tersa bajo los dedos mientras los abrazaba. “¿Por qué todo tuvo que terminar así?” se preguntaba viendo a los alrededores distraída.

Y entonces lo miro, no sabía quién era, ni qué hacía en ese lugar, tampoco por qué le interesaba tanto pero quiso salir corriendo a su encuentro, así que antes de que sus pensamientos la invadieran, las preguntas la hicieran dudar y su cerebro le diera miles de vueltas al asunto, corrió. Fue en dirección a ese chico de cabello ondulado cuyo color café era similar el de sus ojos, con la piel blanca y mirada fija en algo que ella no podía vislumbrar, sin embargo justo cuando estaba detrás de él, a unos cuantos centímetros de tocar su espalda para llamarle la atención, no pudo hacer nada. Se quedo helada, insegura y tímida, entro en su cuerpo una timidez que jamás había conocido, ni siquiera pudo abrir su boca para decir algo y hasta bajo la cabeza por miedo de que alguien se diera cuenta.

Sabía que alguien había estado detrás de él en el momento que se detuvo, nunca había fallado en esa clase de presentimientos, además tenía la urgencia de encontrarse con alguien y esperaba que ella se hubiera dado cuenta de las miradas que le había dedicado, de los pensamientos confusos y las preguntas que habían surgido, sabía que se conocían aunque no podía precisar desde cuándo o cómo. Pero ese cabello, esos ojos revoltosos que eran tan sinceros y los gestos al estar sentada no podían hacerlo dudar, era ella y tenía que hablarle, sin embargo seguía siendo tímido a pesar de todo por lo que tampoco había podido acercarse y ahora estaba seguro de que se encontraba demasiado cerca. Así que con las manos cerradas se volteo y quedo pasmado.

Sus ojos se miraron en el instante que ella levanto el rostro, compartieron los más íntimos secretos descifrando los códigos de las cajas fuertes que los mantenían a salvo, revivieron los recuerdos más tristes y felices en un momento, se dieron la confianza que no tenían y se maravillaron. Nunca se habían mirado antes, los rayos del sol cayendo sobre el cabello del otro los encantaba, los gestos de nerviosismo y timidez que se les escapaban eran tiernos, las palabras ahogadas que deseaban decir eran gentiles, la sonrisa que apenas podían contener por el descubrimiento los ilusionaba, era como si fueran niños una vez más.

-¿Quién eres? –Susurró conteniendo el aliento, ni siquiera se dio cuenta de que pronuncio esas palabras hasta que ya era tarde, así que solo pudo cubrirse la boca con una de sus manos temiendo haber dicho algo indebido, de haber arruinado el momento. Sin embargo, él sonrió.

-Yo soy... -No pudo saber lo último, antes de lograr escuchar las últimas palabras todo se desvaneció ante sus ojos y una luz brillante la cegó. Se había despertado.

-¿Por qué tengo que soñar esta clase de cosas? Ni siquiera pudo decirme su nombre antes de despertar… Maldita sea –mascullo entre dientes bastante molesta por lo que ocurría en su mente, en sus sueños.
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MensajeTema: Re: Sin título (por ahora)   Jue Jun 19 2014, 14:43

Ohhh una interesante hsitoria que toca y no toca lo magico, peusto que veremos escenarios y situacioens que implciaran mundos fantasticos y sorbenaturales pero todoe stod entro de lo real ya que se trata de sueños y sin olvidarnos de que hay un romance que quiza no se haga tan platonico y tenamos una sorpresa al final de la hisoria je je je.

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MensajeTema: Re: Sin título (por ahora)   Vie Jun 27 2014, 13:32

Capitulo Tres

Nadie se quería acercar a esa casa, una al estilo antiguo que tenía años en el lugar, cuyos propietarios eran personas misteriosas que cada año elegían a una diferente criada para que realizará las compras domesticas y limpiará la única habitación que ocupaba la mujer que se dejaba observar. Las ventanas eran tapadas con cortinas negras y contaban con barrotes, en la parte trasera algunas piedras se habían caído al suelo y permanecían arrumbadas impidiendo la salida o entrada, la pintura que hubo en un tiempo estaba desvanecida, los crujidos y ecos eran siempre perceptibles en cualquier rincón, además que, por su color negro y las telarañas que la rodeaban, los vecinos creían que estaba embrujada desde hace años pues, sobretodo, durante las noches se escuchaban horribles gritos y a los alrededores siempre olía a carne podrida.

A pesar de todo, lo que más temían era la dueña, una señora de veinte años aproximadamente cuyo cabello rubio caía a raudales sobre su espalda, su piel era la más blanca de todas y la más fina, las curvas de sus senos y caderas la definían hermosamente, la talla de su busto era sumamente grande y majestuosa, su trasero estaba levantado de forma deliciosa, pero sus palabras eran frías y cortantes, jugaba con todos los hombres que se habían acercado, su cuerpo era el pecado. Aterraba a la gente, cada chica que había salido de ese lugar cambiaba drásticamente; se volvían mujeres demacradas que apenas vivían un año después de lo sucedido, dejaban de hablar con sus familias, ya no sonreían más, en sus cuerpos aparecían moretones sin explicación, parecía que algo las mataba lentamente. ¿Por qué no dejaban de enviarle a sus hijas? Porque eso les asustaba aun más, hace tiempo hicieron un pacto con el diablo y ahora no podían romperlo.

Era su turno, parece que siempre le toca hacer esa clase de cosas que se asemejan a un acto suicida. Tenía que cumplir con la tradición pero esta vez sí vio a su familia llorar, miro las caras preocupadas de los que conoció hace tiempo y le costó poder decir “adiós” pero aun así no lo entendía, le parecía algo superficial, una mentira creada por su propio inconsciente por lo que se negó a derramar si quiera una lagrima. Camino ligeramente nerviosa hasta las rejas que la separaban de su destino, se detuvo y respiro largamente, observo la prisión que la encerraría durante un año y empujo la puerta. Recorrió el pequeño trecho de tierra que la separaba y entro, la estancia estaba hundida en penumbras así que necesito parpadear varias veces antes de poder distinguir sus propias manos, cuando lo hizo salto del susto; una chica pálida y con la carne pegada a los huesos la observaba, mostro una débil sonrisa y pasó a su lado para salir de su encierro. Ella se quedo ahí, inmóvil, paralizada por el miedo en el pequeño espacio.

-Sara, apresúrate, a la derecha está la puerta perteneciente a tu habitación, deja tus cosas y ven aquí inmediatamente –escucho una voz que parecía casi gutural y no pudo evitar que se le erizara la piel, por lo tanto tuvo que reunir toda la fuerza que tuvo para obligar a su cuerpo a moverse y hacer lo que le habían ordenado.

Entro en una pequeña habitación cuyas ventanas eran cubiertas por largas y gruesas cortinas, en ella el viento era gélido, parecía que una neblina cubría el suelo y una leve luz de vela iluminaba borrosamente el rostro de su ama provocándole un escalofrió sin embargo trato de controlarse y avanzo, con poca seguridad y duda, hacia la persona que tendría que obedecer.

-Mucho gusto… -pronunció tratando de que la voz no le temblará.

-Sí, bueno, deja eso de lado, ya sé quién eres, la razón de que estas aquí y los diversos por menores básicos de la presentación o cosas semejantes. Además mi nombre no es algo que debas saber o tengas el derecho de pronunciar, así que te diré por ahora las tares que debes cumplir, los horarios de las comidas y lo que está estrictamente prohibido para ti. Ah por cierto, te referirás a mí como tu señora, ama o dueña, puedes usar la palabra que más te agrade. Bien, comencemos… -una lista interminable de labores domesticas que incluían el lavado, planchado, el aspirar, arreglar, sacar polvo, entre otras, junto con el hecho de realizar las comidas con los pocos ingredientes que encontrará en la cocina, cerrar con llave la habitación de su cuarto al dormir y todas las demás, no acercarse o siquiera asomarse a las otras habitaciones que no fueran la cocina, estancia y dos recamarás, así como el no abrir ninguna de las ventanas o mover las cortinas un centímetro fuera de lo normal era lo que debía realizar. Por supuesto, todo esto impedía que un rayo del sol tocará su piel o pudiera ver el cielo en algún momento, de la misma forma no podía mantener ningún contacto con las otras personas o hablar en voz alta para no sentirse tan sola, asimismo sabía que sí alguna regla era quebrantada por su mano entonces un castigo terrible se cerniría sobre su persona.

Cada día sus manos parecían desaparecer, las piernas perdían fuerzas para moverse, la piel se adhería a los huesos, la palidez se volvía más notable, el cabello caía a raudales por la falta de nutrientes, los ojos perdían su brillo, las ojeras eran evidentes, cada día moría un poco más. Y, pasados los 364 días de su condena, en la noche la mando a llamar, la obligo a sentarse sobre una silla delante de ella, entrelazo sus manos y la miro fijamente mientras se acercaba a un rostro marchito lentamente como si quisiera capturar ese momento para siempre. Entonces ella habló de forma firme pero con la voz tan baja que debía prestar demasiada atención para poder escucharla:

-Bien… Has cumplido con tus tareas muy bien Sara. Por lo que ahora solo nos queda un asunto pendiente. ¿Sabes por qué te he pedido que vengas a esta hora de la noche cuando mañana por fin te marcharás? –Su  oyente negó con la cabeza pues no creía poder pronunciar una palabra con su estado de salud, al mismo tiempo su ama sonreía satisfecha y, estando dispuesta a contar un secreto, bajo a un más la voz. –Fantástico, en ese caso quizás no deba decírtelo, pero sé que no le contarás a nadie así que escucha con atención. –Se acerco a un más al rostro de su sirvienta permaneciendo solo lo suficientemente lejos para no quemarse con la vela que se encontraba entre ellas, por lo que lograba provocar que un escalofrío le recorriera el cuerpo a Sara. –Hace mucho tiempo, seguramente antes de que tus padres nacieran o incluso tus abuelos, logre concebir a un precioso niño que muy pronto se convirtió en la luz de mi vida, sin embargo conforme pasaban los días él se volvía cada vez más grande, llegando a parecer un anciano decrepito a sus 6 años, así que lo traje a este lugar para que pudiéramos estar juntos. No tuve otra opción.

“¿Qué rayos hizo?” Pensó, pero no pudo pronunciar ninguna palabra, así que solo suspiro pero la miro con atención, ¿por qué le contaba eso? ¿Qué razones escondidas tenía? No lo entendía y, en ese instante, algo capto su atención. Miro por un súbito momento cabellos de color rojizo esconderse entre la oscuridad. Sentía como el miedo la embargaba y se controlo para no comenzar a temblar. Entonces la risa de un niño resonó entre las paredes y en un parpadeo se encontró con el rostro de una niña entre los 6 y 7 años a unos cuantos centímetros de su nariz; era espectral, el fuego no parecía tocarla, sus cabellos eran de un color potente pero desaparecían con solo un suave movimiento, además que su imagen se confundía en segundos con la de un anciano, no estaba viva y tampoco muerta pero tenía suficiente solidez como para sentirla. Algo estaba mal, eso no podía ser posible, ¿qué rayos estaba sucediendo?

Antes de poder imaginar si quiera una respuesta lógica para esa pregunta, sintió como unas manos le apretaban el cuello al punto de asfixiarla y supo que debía huir, tenía que correr ahora que podía, que la adrenalina recorría su sangre y  su cuerpo permitiéndole hacer movimientos feroces e implacables para poder escapar de ese lugar antes de que la muerte llegará sobre ella. Así que golpeo ese rostro con toda la fuerza que logro sacar, tiro la silla y se fue, recorrió los pasillos, bajo las escaleras y cruzo varias puertas pero todo parecía inútil, no encontraba la salida, ni siquiera podía saber dónde estaba. Respiro hondo, tratando de calmarse, se coloco detrás de una columna y espero, a cada minuto que pasaba su desesperación aumentaba, se sentía incapaz y débil como para poder enfrentarse a algo así. Aun así, no entendía por qué escapaba, nunca antes había hecho algo semejante entonces ¿por qué ahora? No, no era tiempo para pensar en esa clase de cosas, ahora tenía una urgencia por salir de ese lugar así que se apeo con todas sus fuerzas y observo cuidadosamente entre la oscuridad en la que se sumergió. “Maldita sea” pensó al no poder distinguir más que un metro a su alrededor.


Alguien la atrapó por detrás, una garra le apretó el cuello casi destrozando la tráquea, la voz jocosa de una niña diciendo “boo” rezumbo en sus oídos y perdió el conocimiento.  Cuando despertó estaba en el mismo lugar que antes, pero esta vez la luz entraba por las ventanas y no había rastro de otra persona que no fuera ella.

-¿Estás bien? –Le preguntó ese chico que antes había aparecido en sus sueños y una sonrisa se deslizo en su rostro sin que se diera cuenta.

En cuestión de segundos él desapareció y una pared blanca emergió ante sus ojos. Despertó.
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MensajeTema: Re: Sin título (por ahora)   Vie Jun 27 2014, 13:50

Y siguen siendo fugaces los momento que ellos se ven en sueños, siendo mas larga una pesadilla en vez que el sueño en si, de momento el ay empezo a hablarle, pronto comenzaran a hacer mas cosas de a poco supongo je je je.

Como siempre espero la conti

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MensajeTema: Re: Sin título (por ahora)   Lun Jul 07 2014, 14:01

Capitulo Cuatro

A veces cuando cierro los ojos imágenes vagas llegan a mi mente en los momentos menos oportunos, mi visión se ha vuelto tan borrosa que a veces ni siquiera puedo distinguir los contornos de mi cuerpo, me he vuelto una persona senil que no tiene ya la fuerza suficiente para caminar. Aun así, una parte de mí se siente inmensamente feliz y viva, una parte parece seguir siendo una joven enamorada que se mantiene anhelante para que llegue el tiempo en que pueda ver a su amado, es casi como sí solo pudiera permanecer cerca de la ventana observando el horizonte esperando ver su silueta. Sí, es cierto, a pesar de ser tan vieja sigo recordando su rostro y luchando contra el dolor que sienten mis huesos he llegado a tocarlo, la verdad es que de vez en cuando quisiera dejar este mundo para dejar de causarle tantos problemas pero no puedo porque sé que él se sentiría demasiado triste, él no ha cambiado.

Era una tarde fría, casi helada, las nubes avanzaban peligrosamente sobre el cielo advirtiendo la tormenta que se avecinaba, el viento soplaba casi furioso golpeando las hojas de los arboles, nadie quería salir con un clima así, las calles estaban desérticas excepto por una figura femenina: ella salió de su hogar para empezar a caminar sin rumbo alguno con solo una chamarra y la mirada baja, quería pensar en los sueños que había tenido pero por más que le daba vueltas al asunto parecía que la respuesta se escapaba más de entre sus manos. Comenzó a chispear, las gotas débiles y pequeñas caían del cielo, la empapaban ligeramente y el frio se colaba entre sus huesos. Suspiro, no deseaba regresar y se sentía más tranquila en ese clima, deseaba cerrar sus ojos y dejar que su cuerpo sintiera el frio junto con la soledad que la carcomía por dentro, quería que de alguna manera el agua se llevara las penas que le impedían sonreír.

Había salido para despejarse y dejar que sus pensamientos inestables le invadieran, miraba todo pero a la vez nada, así que en un momento la miró de reojo. No estaba seguro. ¿Cómo podría realmente existir la chica con la que había soñado? Negó el pensamiento un par de veces moviendo la cabeza, se ordeno ser lógico, se ordeno no molestar a una persona que ni siquiera conocía solo por una vaga impresión que seguramente era errónea. El sonido de un trueno derrumbo la relativa paz que el sonar continuo de la lluvia había impuesto; la luz corto el cielo. La chica se alejaba cada minuto más de su vista hasta volverse solo una imagen borrosa, sintió escalofríos y corrió.

Los pasos resonaban en la acera, los charcos estallaban, el agua caía cada vez más del cielo impidiendo la visión, el repiqueteo que provocaba sobre el suelo impedía el escuchar otra cosa que no fueran los latidos de su corazón, una tormenta se había desatado. Cubrió su cuerpo con sus brazos tratando de mantener el poco calor que contenía, bajo aun más la cabeza y suspiro: "¿Qué estoy haciendo? Se supone que debo dejar ir los pecados" pensó llena de sarcasmo y miró el cielo, sintió las gotas caer a través de sus mejillas, borró todo lo que pudo de su mente y sonrió, observo las hojas de los arboles tambaleantes, sintió pena por aquellos seres que no podían escapar del frio atroz, camino con sus piernas entumecidas y salto sobre esos agujeros de agua deseando destrozar todo lo que la lastimaba, solo un momento, solo quería olvidar todo un momento, perderse en el espacio.

Él corría cada vez más fuerte, más veloz, los músculos se le tensaban con cada paso que daba, la respiración se volvía pesada y entrecortada, los latidos de su corazón aumentaban retumbando sus oídos, pero no se detuvo, algo le decía que no debía detenerse y le hizo caso a ese instinto que aún subsiste en nosotros, sabía que tenía que alcanzarla. La lluvia caía dolorosamente sobre sus cuerpos, el viento se volvía cada vez más fuerte, los truenos sonaban tan cerca que destruían la tierra y él continuaba. Después de unos cuantos segundos, minutos o quizás horas, logro divisar esa silueta oscura en la noche, estaba a punto de desaparecer en una esquina y perderse entre la multitud, así que ordeno a sus piernas que se esforzaran, que dieran su último aliento para poder alcanzarla y darse cuenta de que era verdad, solo bastaba un esfuerzo más.

Miro hacia atrás, un ruido de furiosos pasos parecía acercarse a ella; tembló, estaba asustada. A su alrededor algunas personas salían a trabajar o hacer diversas cosas pero se sentía realmente sola, a pesar de aparentar ser ruda tantos años siempre le asustaba que algo malo le ocurriera y la velocidad monstruosa en la que una persona avanzaba no hizo más que paralizarla. Aguanto la respiración inconscientemente y espero paciente, no podía moverse, sus ojos se abrieron y un chillido de horror estuvo a punto de escapar de su garganta, estaba cerca, tan cerca que podía escuchar latir su corazón frenéticamente. Sintió escalofríos múltiples recorrer su cuerpo, se encontraba indefensa y tan sola que el terror la consumía sin que pudiera hacer algo al respecto: "Escapa" se ordenaba, pero ni siquiera una fibra de su cuerpo la obedecía, solo pudo cerrar los ojos.

En un segundo, en un suspiro, sintió los brazos de alguien rodeándola, abrazar dulcemente su cuerpo, la respiración fatigada y cansada resonaba en su oído, un cuerpo caliente se apoyaba sobre el suyo  tratando de recobrar la compostura, un corazón atormentado latía furiosamente. La lluvia se detuvo, solo pequeñas gotas caían de las ramas de los árboles. Unas manos cálidas tomaron suavemente su rostro alzándolo un poco.

-¿No abrirás los ojos? ¿Acaso crees que te haré algo realmente malvado? –le preguntaba una voz con un tinte familiar, por el tono grave tenía que ser un chico, quizás un adolescente. Pero, ¿quién? La curiosidad la carcomía y no ganaría nada si permanecía con los ojos cerrados, así que los abrió lentamente pero bajo la mirada aunque no sabía sí era por timidez o miedo. –Vamos, eso no es lo mejor que puedes hacer, por favor mira mis ojos –le susurró suavemente cosquilleándole el lóbulo de la oreja.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo, un sonrojo invadió sus mejillas y realizo el mayor esfuerzo en toda su vida, miró sus ojos; café oscuro ligeramente claro, nada especiales pues casi todas las personas lo tenían del mismo color, sin embargo un brillo destellaba en ellos, los tonos jugaban entre sí dentro del iris y el sol parecía iluminarlos tiernamente. En su rostro surcaban diversas arrugas que apenas se podían vislumbrar surgidas por las sonrisas y los hoyuelos que las enmarcaban, la piel tersa carmesí estaba quemada en el cuello, el cabello ondulado del mismo color que los ojos estaba combinado con destellos rojizos cayendo solo un poco debajo del inicio de la oreja. Aun la mantenía sujeta entre sus brazos encontrándose separado solo unos cuantos centímetros para que ella lo observara y así lo hizo, miró los músculos trabajados por arduo tiempo, los rasguños sobre la piel por heridas pasadas, el pecho firme, las gotas que recorrían su cuerpo tan deliciosamente.

-¿Quién eres? –Susurro débilmente casi conteniendo el aliento.

-¿Realmente aun no me reconoces? ¿Tan pronto me has olvidado? Y pensar que hace unas cuantas horas nos hemos visto –la decepción se dejaba ver entre sus palabras, se sintió culpable. Cerró los ojos una vez más y las respuestas llegaron a su mente.  ¿Cómo había podido olvidarlo? ¿Cómo pudo olvidar a la persona que le salvó la vida, que había visto tantas veces en sus sueños y de quien por varios momentos creyó estar enamorada?

-¿Eres tú? –Murmuro cuando abrió los ojos unos segundos después, sorprendida y un poco entusiasmada.

-Veo que al fin me recordaste –sonrió de una forma tan preciosa que no podía creerlo.

-¿Cómo no te recordaría? –Estaba embelesada pero tenía que ser racional, aunque fuera solo un poco –Espera, ¿acaso estoy soñando?

-No, realmente estoy aquí y lo sé, yo también estoy impresionado. Te vi unas calles atrás  y no pude creer lo que mis ojos miraron, pero realmente estas aquí. Eres más hermosa que en mis sueños… -menciono lo último suavemente midiendo sus palabras pues temía asustarla. Nunca pensó que esa chica realmente existiera, ni tampoco que sus ojos serían tan hermosos cuando estaba emocionada así que no pudo evitar sonreír ni un solo momento estando a su lado. Además que cada vez que se sonrojaba un brillo le invadía su mirada y sus labios eran prácticamente irresistibles.

-Aun así, no lo entiendo –menciono tratando de recuperar un poco la conversación –es que, ¿cómo es posible que soñáramos con el otro y nos encontráramos justo ahora? ¿Cuántas probabilidades había de que eso ocurriera? ¿Una entre un millón? Realmente no lo entiendo.

-Quizás no sea algo que debas entender, ¿acaso no te sientes feliz de verme? ¿Tanto te he decepcionado?

-No, no es eso, no me malinterpretes por favor. –"Estoy feliz de verte, siempre quise poder sentir tu piel contra la mía y no solo en un sueño" pensó –Es solo que todo me parece tan irreal –"tengo miedo de que desaparezcas" –además todavía no sé tu nombre y al parecer tú conoces el mío.

-Tienes razón, siento no haberme presentado antes, me llamó Ramses, aunque puedes decirme Remi. –"Es un nombre hermoso que solo puede rezumbar en mis oídos, ¿dónde habías estado?" El hechizo del amor se apropiaba de ella, se llenaba de palabras dulces no mencionadas, caricias tiernas no dadas y recuerdos que aun no había vivido. Él aun la mantenía entre sus brazos transmitiéndole pensamientos inimaginables, no quería que la soltará pero lo hizo. –Lo siento, debí haberlo hecho antes.

-No te preocupes –titubeo. – ¿Te importaría caminar un rato conmigo? Quizás podamos aclarar algunas cosas.

-Estaría encantado de hacerlo –menciono regalándole una de sus más gentiles sonrisas –Así que, ¿a dónde quiere ir esta bella dama? –se sonrojó.

-A cualquier lugar y a ningún lado, ¿podrías guiarme?

-Será un placer. –Comenzaron a caminar sin rumbo alguno perdiéndose entre los árboles y encontrándose con la mirada del otro, sintiendo el frio en su cuerpo pero el calor que emanaba de su interior, se estaban enamorando con miradas furtivas, palabras susurradas, gestos tiernos y roces inevitables. Pasaron el resto del día juntos hasta el anochecer, anduvieron por lugares extraños, escalaron las rocas, jugaron sobre los charcos de agua y las fuentes; hablaron de todo tipo de cosas, de sus creencias o ideas acerca de determinados temas; deseaban conocerse, encontrarse una vez más, recuperar el tiempo que habían pasado separados, sentían un amor por el otro que jamás habían experimentado; el hilo rojo del destino los estaba uniendo una vez más.

-¿Por qué has hecho todo esto? –Preguntó ella dudosa; la estaba cargando en su espalda pues se lastimo el tobillo unos minutos antes al dar un mal salto, asimismo se refería al día que le había dado ya que la cuido como si fuera una princesa y el su caballero.

-Porque te lo mereces, te mereces todo lo bueno del mundo. –sonrío, la sentó sobre una banca cercana y acaricio suavemente su mejilla provocándole, quizás, el vigésimo sonrojo en el día. –O ¿acaso no tengo el derecho de conquistarte?

-Jamás he dicho eso… –adoraba oír sus palabras, cada una parecía el canto de un bello ángel pero el sentir sus dedos acariciándola era algo irresistible.

-Entonces permite que te enamore, que enamore a la chica más linda ante mis ojos con todos mis recursos, que te seduzca con mi voz y mis caricias, que te ame más de lo que he amado a otra persona –se sentó a su lado y la miro fijamente a los ojos intentando expresarle la sinceridad de su confesión.

-Ni siquiera me conoces, no sabes cómo soy en realidad y solo te has enamorado de la vaga ilusión que mi ser representa, no sabes cómo ha sido mi vida hasta ahora y no creo que puedas curar a mi corazón de cristal –la tristeza aumentaba con cada silaba que pronunciaba, sí él la conociera de verdad cambiaría de opinión. "Él no es para ti."

-Aunque sepa todo eso, me seguirías gustando porque cuando veo tus ojos sé que eres una buena persona, no me importa como haya sido tu vida antes porque quiero darte un futuro lleno de dulzura y amor –le acarició el cabello, la tomo entre sus brazos y susurró en su oído –Sí tu corazón está roto en pequeños pedazos y has perdido algunos fragmentos en el camino entonces deja que lo repare con amor y use el mío para poder arreglar completamente el tuyo. Solo te pido que seas mi amor, que seas mi novia. –Coloco un dedo sobre sus labios –No tienes que responder ahora a eso, pero sí a una pregunta que deseo hacerte… ¿Puedo besarte?

Ella no supo qué responder de inmediato pero sabía que sí tardaba aunque fuera solo una fracción de segundo más su mente la traicionaría e impediría dar la respuesta que su corazón deseaba, así que cerró los ojos y pronunció un "Sí" apenas audible. Sus labios se rozaron lentamente, tímidos por el primer contacto, los labios se entreabrieron por voluntad propia, se besaron; chocaron sus labios entre sí de forma dulce pero cada vez deseando sentir más al otro, los brazos entrelazaron al otro queriendo sentir su calor, los dedos soltaron pequeñas caricias, las lenguas salieron lentamente a su encuentro. Era su primer beso, su primer beso de amor verdadero aunque eso llegue a sonar demasiado cursi.  

-Sé que es muy pronto para decir estas palabras, pero sí las callo más siento que mi corazón reventara. Solo te pido que las aceptes… –suspiro tratando de relajarse pero temblando por lo que diría. –Te amo. –Sintió una explosión en su pecho, un revuelo en su estomago, un sonrojo realmente fuerte en sus mejillas y llegó a soltar un grito ahogado por la sorpresa. Su sonrisa se ensancho y lo vio sonrojarse.

-¿Te resultaría extraño sí te digo algo? –Él se sorprendió, no esperaba una respuesta y temió por un momento que le rechazará. –Por alguna razón al principio pensé que me gustabas, desde el primer momento que te vi en mis sueños sentí como algo surgía dentro de mí, así que lo más adecuado después de este día tan maravilloso sería decirte la verdad, lo que ocurre en este momento con mis sentimientos y es que –las palabras le salían con facilidad, cómo sí lo hubiera repasado un millar de veces antes –también te amo.

FIN
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MensajeTema: Re: Sin título (por ahora)   Jue Jul 17 2014, 13:15

Perdon por la tardanza y bueno corta pero bonita historia.

Felicidades por terminarla eso es algo muy bueno je je je, pues empezare diciendo que ya para el ultimo cap fue el tan esperado encuentro que se podria decir estaba ya destinado y que el amor de ambos fue correspondido.

Una bonita hisotria que necesita tiulo je je je

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MensajeTema: Re: Sin título (por ahora)   

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